miércoles 30 de julio de 2008, 15:39:31
CUADERNO
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En este año olímpico los medios de comunicación nos bombardean con mensajes que enaltecen las proezas de los atletas y el espíritu especial de las Olimpiadas. Es parte del circo económico que promueve el consumo. Las multinacionales se gastan mucho dinero para que ese espectaculo se convierta en una promoción de sus productos y compremos y compremos...
Admiramos la fuerza, la destreza y coraje de jóvenes superdotados. Nos gustaría ser como ellos y realizar marcas sobrehumanas, pero no tenemos sus capacidades. Inconscientemente buscamos ayuda para emularlos y los hábiles publicistas nos ofrecen la solución: nos hacen creer que si nos ponemos las zapatillas y camisetas que llevan nuestros heroes, lo conseguiremos. Nos tratan como borregos y lo aceptamos.
Los medios nos muestran parte de la realidad y poco a poco la conforman. Nos ofrecen lo vendible y el resto, para ellos inutil, lo omiten. No sería grave si la difusión de esta visión parcial del mundo (y las relaciones humanas) no nos impidiera ver el mundo tal cual es; pero somos limitados y comodones, y nos conformamos con la información fácil que nos regalan los gurus.
Ascendimos al Puigmal en un día claro y apacible. Sin embargo la cima desprotegida, era azotada por el viento que nos enfriaba deprisa; nos resguardamos en uno de los refugios de vivac y nos dedicamos a observar al personal. ¡Es distraido!.
A media mañana, como es habitual,la amplia cumbre estaba ocupada por variopintos personajes. Muchos subían desde Nuria, como complemento a la visita al centro comercial (o vacacional, no se...) Se les veía pardillos y: o apenas calzaban unas sandalias, (como si pasearan por la ciudad), o iban superequipados, con todo novísimo (por supuesto del Decathlon). Los montañeros de siempre se mimetizaban en el paisaje y cruzaban la espontanea concentración de fotografos y fotografiados con discreción.
Estabamos comentando la jugada, cuando llegó un personaje peculiar: un montañero bastante mayor con un collarín rigido que le inmovilizaba el cuello, llegó trabajosamente al vértice geodésico. En su cara se percibía el sufrimiento y la satisfacción por haber llegado. Consultó un altímetro analógico que llevaba en una funda de piel ennegrecida por el sudor y el tiempo, e hizo unas anotaciones en una hoja de papel.
Los ensalzados atletas olímpicos, a su lado, quedaron empequeñecidos; me pareció más heróica su anónima gesta al luchar contra sus serías limitaciones, sólo por la voluntad de llegar a una modesta cumbre, sin buscar honor ni gloria, que el mayor record olímpico del deporte actual, tantas veces contaminado por la Quimica. Para mi está claro: hay héroes y Héroes.
Enviado por Quo_aquo el martes 12 de agosto de 2008
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